«Nos amamos plenamente, y nos dijimos adiós, podremos vernos de frente sin reservas ni rencor...» No sé por qué me he levantado tarareando esta cancioncilla de mi infancia tardía? Y es que hace días estoy barruntando un sentimiento extraño, a raíz de los acontecimientos que por fortuna para algunos, se están precipitando en relación con Cuba. Siempre dije que si los norteamericanos no habían puesto atención al problema que ha sido, la madre de todos los problemas de la región, no fue por falta de entusiasmo sino de comprensión… ha tenido que llegar un cubano exiliado de segunda generación a las más altas esferas del poder para que lo entendiesen. Pues una cosa es creer en la libertad abstracta, y otra muy diferentes es conocerla por el hecho de no haberla tenido.
Esta salida para mí, es gratamente dolorosa. Va a darse de todas las soluciones, la que para un nacional-idealista como yo resulta un premio, tanto como aquel del chiste del ciego y el perro. Hoy los titulares en cualquier plataforma son que «si Cuba esto o que si Cuba lo otro» sin entender, _ni siquiera por parte de los que desde una ascendencia compartida lo analizan_, que Cuba no existe hace ratón y queso. A fin de cuentas la tierra que me vio nacer, hoy es y ha sido desde hace mucho un cortijo castrista. Y los cubanos? Gracias a décadas de moldear al hombre nuevo, una amalgama de Dios sabe qué excepto un pueblo, comunidad, nación o ninguna de las acepciones que puedan definir a los grupos humanos en términos de nacionalidad.
De ahí este necesario réquiem. Por todos, pero sobre todo por mí. Porque a pesar de toda la historia de resistencias y luchas de generaciones por terminar con un régimen genocida que nos dividió, enfrentó, encarceló, exilió, asesinó, y desnaturalizó, hoy la triste realidad es que lo «de impedir a tiempo que se extienda por las Antillas los Estados Unidos y caiga con esa fuerza más…» se ha cumplido. Lo peor es que estoy tristemente celebrándolo, porque al fin y al cabo aunque ya esa población no clasifique como pueblo cubano, es esencialmente humana y merecen vivir en paz, aunque sea a costa del esfuerzo ajeno.
De ahí que después de años y esfuerzos priorizando la consecución de un momento rebelde que diese oportunidad a los oprimidos, entiendo que los oprimidos son incapaces de levantarse frente a las cadenas, aunque desde que aprenden a hablar, estén tarareando «en cadenas vivir no es vivir…»

De ahí esta ruptura. De ahí estos lamentos porque siento en mi ser por primera vez, que a pesar de haberme aferrado a un ideal o a un espejismo por pura supervivencia del alma, «yo no soy de aquí ni de allá»… y duele.
Cuba se perdió. De ahí esta mi última misa por Cuba y los cubanos. Elevo mis plegarias al Señor para que a pesar de tanta ignorancia, falsedad, hipocresía y desidia, les conceda el anhelo de vivir en libertad, aunque para ello tengan que soportar un par de bases militares, y a gobernantes tutelados. A fin de cuentas la vida son dos días, y no conviene descuidar que Dios no trazó fronteras ni extendió pasaportes. Sed pues felices, comed perdices pero dejadme rumiar en paz mi vacuidad existencial que mi tiempo se agota. Y cantad, cantad como la cigarra de la fábula que inviernos como este son raros. Como la música siempre ha sido un acicate, les dejo hasta que Trump desembarque un estribillo que tal vez os pueda ayudar » cada uno goza con lo que le gusta, cada cosa tiene distinto sabor» Ya luego si obligan la circunstancias, no se olviden del «jingle bells, jingle bells, jingles all the way» que no es lo mismo, pero es igual.
Y por primera vez con todo el sentido… guambán.



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