
Había una vez un Maduro que comenzó de pintón, ofreciendo el maricón a un golpista allá entre muros, con el tiempo aquel roñoso recibió su merecido reculando en el caldero donde habita el de unos cuernos, dejándoles presidente a un burro con sed de sangre que maltrató a Venezuela asesinando a mansalva a lo mejor del país que resistió sus patrañas.
Hoy Dios ha puesto atención en la lucha de millones y enviando a las legiones de la Roma modernista que habita al norte del Bravo, con tropas y portaaviones a castrarle los calzones al doctor en represión, narcojefe y bujarrón que carece de herramientas para evitarse la cuenta, que paga por su ambición.



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