BIENVENIDOS… YA EL RESTO CORRE POR VUESTRA CUENTA.

Cuando en las postrimerías del siglo diecinueve Pemberton descubrió la fórmula de la Coca Cola y fue a patentarla le costó la friolera de 2300$. Si tenemos en cuenta que por aquel entonces el vaso se vendía a 5 céntimos, alguno podrá decir que era un dineral. Pues eso depende. Y es que sin los derechos de patente se la hubieran robado al día siguiente, y de entonces acá mira si le han sacado rendimiento a cuatro ingredientes. Hasta el punto, que no hay un ser humano en este mundo que no sepa que es el dichoso refresco. Y todo por llegar primero.

Los nostálgicos y los conformistas siempre te dirán que cualquier tiempo pasado fue mejor. Eso es una mentira, pues cada generación ha tenido y tendrá sus retos o sus metas. Así las asumes y consigues o toca resignarse a quedarse en la cuneta. Es cierto es que no se cumplen las reglas igual para todos. Y no estoy refiriéndome solamente a los apadrinados que esos los ha habido en todo tiempo y no son censurables. A fin de cuentas «a quien Dios se lo dio, San Pedro se lo bendiga». Estoy hablando de los pioneros de todo tiempo. Esos hoy al igual que ayer con mejor o peor estrella continúan abriendo caminos y eventualmente beneficiándose no tanto por repartir el pastel como por la influencia, la mística. Llámese Ortega, Musk o cualquier denominación de origen, están ahí para desmontar el mito de que «está todo hecho» y son verdaderos ejemplos donde poner los acicates.

Es cierto que si nos salimos estrictamente del espectro económico y nos vamos al político entonces hay que desdecirse de todo lo dicho. Y valga la redundancia y la repugnancia.

Y es que la falta de liderazgo mundial, _un tema que da para mucho_, que va unida a un deterioro profesional de la clase política quienes en su mayoría salvo excepciones son un reflejo de la degradación de sus poblaciones, _otro que también da para más_, tienen al mundo en un sin vivir día sí y otro también.

Que si USA va a intentar regresar al «sueño americano» de los 50 del siglo pasado a base de aranceles y deportaciones mientras la UE vive su «pesadilla europea» llamada estado del bienestar insostenible a largo plazo, al menos como está planteado. Los primeros, adalides del capitalismo cerrando el comercio; mientras los segundos, reculando con cada regulación y a la cola del crecimiento.

Al hijo de putina se le cayó un satélite. Y no hablo de esos del espacio sideral donde tiene unos cuantos, sino Al Assad; uno de los degenerados históricos que desde tiempos de la URSS junto a los carniceros de La Habana sembraron de terror y muerte no solo a sus poblaciones, sino a medio mundo subdesarrollado. Y aunque en Israel están de lo más contentos eso es comida para hoy y hambre para mañana, porque la región está infectada de terroristas y fanáticos. Y eso es malo? Pues depende, porque alguien tendrá que mover el inventario armamentístico no?

Así las cosas hemos intentado abrir apetitos en algún lugar de nuestra América Latina pero no ha sido posible. El Salvador de Bukele aunque tiene buena pinta aún mantiene un «estado de excepción» que probablemente tendrá que eternizar a no ser que gasee las cárceles para hacer borrón y cuenta nueva, pues décadas de degradación comuno-terrorista son dificilísimas de reencauzar. Tiramos para la «Argentina de Miley» pero allí el pobre está solo contra el mundo, y así no hay apetito posible. Habrá que ayunar hasta que el primer gobernante anarquista de la historia tenga representación suficiente en el Congreso de la nación, para que haya esperanza de salvación en algo más que un país o región.

Y mi madre patria? Qué decir si allí sabiendo la realidad ya entras con la nariz tapada.

Cuba está irremediablemente a la espera de un milagro. Lo que pasa es que sus pobladores son sincréticos y así es muy difícil obrar nada, y si a eso le sumas que casi el 90 porciento es indigente cuesta ver la luz. Por no hablar de su «sociedad civil» da igual si están dentro o fuera, me recuerdan una sentencia popular que adapto para la ocasión: nuestro vino es amargo… y algo más pues además de desabrido y obsoleto, es muy pesado, disonante y plagado de características dispares, con olor a desidia y negligencia que lo hace muy áspero al paladar… pero es nuestro vino. Y hay que joderse.

Y aunque así estén las cosas, vamos a poner mente positiva que no todo está perdido… al menos no todavía porque siempre habrá tiempo para fundar, para desandar lo mal andado y ser parte de la mística que tanta falta nos hace aquí y allá.

Y si no te has convencido y te sientes de bajón… toma una Coca Cola joder!


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